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Símbolo de la paz y de la fidelidad conyugal, cantada por poetas y homenajeada como ningún animal, en torno a las palomas se tejen las más variadas historias, nacidas de las vivencias de los que han echado sus vidas junto a ellas
Ángeles Muik y Luis Jesús González
Sobre los duros adoquines de la plaza de San Francisco de Asís una bandada de palomas despierta la atracción de apacibles turistas y apresurados transeúntes. Incluso una joven, ataviada con su traje de quince años y con sus manos repletas de maní, soportaba el sol del mediodía en espera de una instantánea memorable.
Tal vez la vieja plaza sea uno de los pocos lugares de Ciudad de la Habana donde se puede disfrutar de las enigmáticas aves, cuyas noticias más añejas se remontan a los papiros egipcios, o a la escena del Génesis bíblico en la que Noe echó a volar una paloma siete días después de concluido el diluvio.
Utilizadas con diversos fines, los centenares de especies reconocidas de la familia de las Columbides, sobresalen por su apego al hombre, con quien ha establecido vínculos en todas las latitudes del planeta, con independencia de edades, razas o sexos.
Según experimentados criadores cubanos, las palomas contribuyen a relajar las tensiones y llegan hasta retribuir la pasión de sus dueños, al extremo de reproducir sus estados de ánimo.
Con el tiempo, los hábitos del palomero se modifican, lo que muchos atribuyen al contacto con las aves, capaces de influir en el carácter del colombófilo al tornarse este más condescendiente y menos agresivo.
Además, la costumbre de cuidar palomas resulta duradera, porque la mayoría de los que la practican alcanzan una pronunciada longevidad, estimulada por un amor recíproco, expresión de la fidelidad conyugal que distingue a esta especie, por su peculiar participación en la crianza y desarrollo de sus crías, ya que empollar es obra de la pareja, en la que la hembra alterna con el macho en el cuidado del nido y los pichones.
REINAS SOBRE EL TECHO
Sin una explicación convincente, los últimos años están signados por un auge de la cría de los fieles animales, entre cuyos protagonistas sobresalen los niños, los cuales asumen a las aves como mascotas, aunque no faltan los que han hecho de la crianza un negocio, con fines que distan mucho de los valores atribuidos a la belleza emplumada.
Junto al incremento de los palomeros también han crecido los argumentos de sus detractores, quienes culpan a las palomas del perjudicial trasiego por las vetustas azoteas o de la transmisión de enfermedades, entre ellas la conocida como Mal de las Palomas, aunque voces autorizadas de la Asociación Ornitológica de Cuba desmienten tales aseveraciones.
Para la doctora Beatriz Fragoso Rosario, médica veterinaria de la Asociación, la Salmonelosis, Coccidiosis y Enteritis son las tres enfermedades que con más fuerza atacan a las palomas y el mejor medicamento es la prevención, en especial la higiene en las jaulas que deben además mantenerse ventiladas, especialmente en el verano, época en que las altas temperaturas y la humedad se convierten en factores favorables para el desarrollo de microorganismos.
“Como profilaxis recomendamos a nuestros asociados criar todo el año menos en julio y agosto. En estos meses hemos orientado la muda de las palomas y el baño obligatorio para la eliminación de piojos y trazas que dañan el plumaje.
“Además, las palomas deben tener comida todo el día y no en horarios predeterminados como se acostumbra con otros animales, ya que si ingiere los alimentos, basados en vegetales, semillas y granos con hambre, lo hace apresuradamente y acompañado de largos tragos de agua, lo que provoca el embuchamiento del ave”, asegura esta homóloga del doctor Doolite.
VUELOS DE DOS ALAS
Razones que datan de más de una centuria han agrupado a los criadores de palomas en clasificaciones que responden a la finalidad de las aves. En Cuba existe, desde 1900, la Sociedad Colombófila de La Habana, una de las más antiguas del hemisferio occidental, en la que se insertan exclusivamente las popularmente llamadas “mensajeras”.
Los colombófilos, dedicados a otros géneros competitivos, se integran a la Asociación Ornitológica de Cuba. Manuel Oceguera Sierra, vicepresidente nacional de palomas, explicó que existen alrededor de 900 especies deportivas entre las que se destacan las Fantasía, Utilidad o Gigantes y las conocidas Buchonas, catalogadas, respectivamente, por la belleza de sus plumas, con fines gastronómicos o la habilidad para perseguir a la hembra.
De acuerdo con cifras de ambas agrupaciones, se estiman en varias decenas de miles los cultivadores de la colombofilia en el país, con más de 5 000 inscritos —con 150 000 ejemplares— dedicados a la cría de las “mensajeras”, reconocidos internacionalmente como la elite de los criadores, con mayor presencia en Villa Clara, Holguín y Matanzas.
Al margen de las estructuras administrativas, la cría de palomas se ha popularizado y con ella la comisión de delitos, algunos de ellos no sancionados por ningún código, pero dañinos a los intereses de los palomeros.
Los colombófilos se quejan de que les roban las palomas con el empleo de cebos que atraen a los machos, algo para lo que la paloma mensajera no está preparada, ya que vive en casa y solo vuela en entrenamiento. “Las otras palomas son más complicadas”, afirma Juan Pulido Guerra, secretario de Deportes de la Federación Colombófila de Cuba.
“Hay personas carentes de escrúpulos que se dedican a capturar palomas con fines nada deportivos o recreativos. Conozco algunos que se dedican a robarse los pichones cansados para después venderlos con diferentes fines”.
José Quintero González, presidente de la Federación Colombófila de Cuba, afirma que la paloma mensajera pertenece a una raza pura que no debe mezclarse para conservar su valor, como ocurre con las llamadas buchonas.
“En nuestro reglamento está prohibido atrapar palomas de cualquier tipo y cada mensajera lleva una numeración que hace las veces de carné de identidad.”
A las actividades deportivas y de recreación se suma el aporte social de estos mensajeros alados, participantes activos en casos de desastres naturales, procesos electorales y transmisión de datos en los censos de población efectuados en Cuba, lo que convierte a las palomas en compañeras insustituibles del hombre.
Memorias al vuelo
La cría de palomas fue introducida en Cuba a mediados del siglo XIX, por Francisco Guasch Ferrer, quien fuera director de la primera publicación dedicada al tema. La práctica se extendió rápidamente por La Habana, Santiago de Cuba y Pinar del Río antes de la guerra de 1895.
Durante la última guerra contra el colonialismo español fue prohibida la cría de palomas, pero según el catalán Salvador Castelló, primer presidente de la Sociedad Colombófila de España, el general Antonio Maceo conoció del movimiento de las tropas hispanas a través de palomas mensajeras.
La cuna de la colombofilia es Bélgica donde se funda la agrupación primada de criadores en 1814 y en su capital, Bruselas, existe un monumento a la incesante tenacidad de la paloma mensajera, las cuales por sus servicios han merecido diversas condecoraciones y hasta grados militares en diferentes naciones.
Antes de inventarse el telégrafo fue utilizada para transmitir notas y avisos, incluso la agencia Reuters, iniciadora del servicio noticioso en el mundo, tuvo entre sus medios de comunicación a las “mensajeras”.
Mediante palomas, los banqueros Rostchild conocieron de la victoria del Duque de Wellington sobre Napoleón en Waterloo en 1815, lo que les permitió salvar su dinero, y durante el sitio prusiano, los pobladores de París se comunicaban con el resto de Francia a través del correo alado.
En la Segunda Guerra Mundial todos los submarinos y bombarderos aliados llevaron palomas como alternativas en caso de fallo de los sistemas de transmisión, y en la Guerra del Golfo, de 1992, se utilizó un lote de 200 palomas para mantener la comunicación con el frente.
Científicos de la NASA han utilizado microcápsulas transportadas en el buche de las palomas, con mensajes cifrados en rayos láser, para el intercambio de la correspondencia secreta.
Prestigiosos colombófilos del patio afirman que lo más rápido que hay para llevar un mensaje, después del avión, sin incluir el correo electrónico es una paloma, lo demás queda en desventaja. Todavía en grandes ciudades japonesas, congestionadas por un incesante tráfico, se emplea la paloma como transporte de mensajería ligera.